NECESITO EL TRABAJO
Nunca antes había acudido a una entrevista de trabajo a una hora en la que el sol ya no iluminaba. Normalmente solían ser a media mañana. Y si no lo eran, ella prefería no ir, y dedicar las tardes a leer o echarse la siesta un rato, si le dejaba su hijo pequeño.
Pero esta vez iba a acudir, porque necesitaba un trabajo con urgencia. Daba
igual lo que fuese: camarera, niñera… Sus padres estaban teniendo dificultades y
ella se sentía culpable de no poder contribuir a la economía familiar.
El anuncio era extraño: «Se necesitan mujeres para trabajo nocturno en
restauración. Acudan vestidas de negro y con labios pintados de rojo.
Abstenerse suéteres de cuello alto». Pero estaba desesperada, así que ignoró
sus propias dudas, se enfundó en un vestido negro de escote cuadrado, y se
pintó los labios con un viejo lápiz de labios rojo que encontró.
El lugar era tan sombrío y extraño como el anuncio. Las oficinas estaban
desiertas, parecían abandonadas. Cuando subía las escaleras se cruzó con otra
chica, vestida y pintada como ella, mirada vacía y sonriente y una mano apoyada
en el cuello.
Una vez arriba, un señor amable y pálido la invitó a pasar a otra sala. En
ella, sentada en un viejo sillón, le sonreía la mujer más guapa que había visto
en su vida. Cabello azabache, ojos a juego con la noche y facciones de una
perfección que intimidaba.
—Hola. Irene, ¿verdad? Yo soy Claudia.
Encantada. Siéntate, por favor, te haré unas preguntas.
—Hola, gracias por esta oportunidad…
—¿Tienes familia? —interrumpió la mujer.
—Sí. Pero no supone obstáculo para
trabajar porque…
—No te preocupes. Preferimos que tengas
familia. Mira, este trabajo depende de que conozcas a bastante gente, porque
trata de… establecer contactos. ¿Estás dispuesta?
—¡Por supuesto! ¡Lo que sea! Necesito este
trabajo.
—Pues no se hable más. Te voy a ir
explicando, pero antes tengo que cumplir con el procedimiento…
Ñam, ñam
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